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Crítica: 'Bailar en el desierto' de Juan Arnau

Propera Parada: Cultura

Juan Arnau (fraga, 1956) representa la quinta generación de una dinastía de emprendedores dedicados al espectáculo. Una saga familiar que dio inicio hace 150 años. Y aun con eso, Juan Arnau es considerado un pionero en el mundo de los clubs en España. Y fue gracias a, o por culpa de, la sala Florida 135 y en mayor medida el Festival de Monegros, un evento que este año 2023 celebrará su edición número 30.

Pero como dicen: de casta le viene al galgo.

En 1873 se inaugura en la localidad oscense de Fraga el Café JosepetJosep Satorres veía así su sueño cumplido: llevar el baile y la diversión a su ciudad. Tras seis años viviendo la noche en Madrid con sus teatros, cafés, tabernas y espectáculos, Josepet volvía a Fraga, no sólo para ver su sueño cumplido, sino para casarse con su novia epistolar. Durante su estancia en el ejército, el único lugar donde tenía comida y techo gratis, mantuvo la relación con AntòniaCabrera vía carta. Tras casi 50 años al frente del café, en 1920 este tuvo que cerrar las puertas, tras haber pasado a ser café casino.

En 1922 reabrió como Bar Victoria. Al frente estaba Antonio Durán. Su mujer era María, la hija del único hijo de Josepet. O sea, María era nieta de Josepet

A partir de ese momento lo que comenzó siendo un bar, acabó convertido en un cine y en un salón de baile con muchísimo éxito, donde llegó a actuar el mismísimo Xavier Cugat con su orquesta, venido directamente de la América para ello, con su troupe y su Rolls Royce blanco.

Bailar en el desierto cuenta la historia de esos inicios a través de los escritos de sus protagonistas, legados de generación en generación contando el devenir de la familia. Dichos escritos llegan a manos de Juan Arnau, no sólo autor del libro, sino el penúltimo escalón de la estirpe (sus hijos Juan y Cruz son a día de hoy el último escalón de la estirpe y Elrow su último festival) a quien su madre se los hace llegar con malas artes. 

Juan debe reunirse en Nueva York con un acaudalado promotor que está comprado a golpe de talonario cuantos más festivales en el mundo pueda. Tres millones de euros es una oferta demasiado tentadora como para un rotundo no.

Así que con los escritos en la maleta, Juan pone rumbo a Nueva York para esa presunta firma que acabará con los problemas monetarios de la familia. Lo que no sabe Juan es que su madre introdujo esos textos en su maleta sabedora de que tras su lectura la visión de Juan para con su familia cambiaría de la noche al día. 

Bailar en el desierto es una interesante, intensa y seductora novela que se lee de principio a fin. Nos sentimos tal y como se siente Juan mientras lee esos escritos, fascinados por una saga familiar de empresarios adelantados a su tiempo que siempre se salieron con la suya, costase lo que costase y que vivieron con pasión todo aquello que hicieron.

Sin duda alguna Bailar en el desierto será la primera parte de una saga, presumiblemente trilogía, puesto que del propio Juan no se habla nada más que esa presunta firma, y tres ruinas que asolaron a la familia. Pero poco se sabe de cómo creó el Festival de Monegros, o cómo abrió la discoteca Florida 135, que a día de hoy sigue abierta.

Bailar en el desierto es un libro para todos los gustos. La historia que narra es universal. Un hombre persiguiendo su sueño. Y en este caso no es sólo uno. Son varios. Y casualmente de la misma saga familiar. No está pensado exclusivamente para los amantes de los clubs nocturnos donde la música de baile es la reina, al contrario, de eso aquí hay poco, la música que más abunda en estas páginas son las que hacían las orquestas antes de que el disco entrara en casa de todo el mundo. Para sentir el ritmo de la noche, el sudor de los clubs y la música techno, con toda probabilidad deberemos esperar hasta la segunda parte del mismo. Sin duda Juan Arnau ya está redactando esa nueva novela.

No hay novela buena o mala, simplemente entretienen o aburren y Bailar en el desierto es puro entretenimiento.

SALVA G.